En los antípodas del día

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Desde la primera frase, Gonzalo Aróstegui Lasarte, pone las cartas sobre la mesa en lo que respecta a su novela, y las pone con toda franqueza, con valiente y cruda franqueza... tanto es así que las muestra vueltas del revés, dejándonos ver el reverso de las mismas para que podamos comprobar que estos naipes no están marcados, que son los que son. Según avanza la lectura, el autor va volteando las cartas mostrando sin tapujos ni complejos los anversos de las mismas, hasta que desglosa toda la baraja, que termina sobre el tapete, boca arriba, expuesta libre y deshinibida ante nuestros ojos abiertos y sorprendidos.
Contada en primera persona, nuevamente desalojados de la narración elementos como el complejo o el prejuicio, y empleando un lenguaje sencillo, que nos lleva a gran velocidad a través del cerebro, la entrepierna, el oído (para el rock), y el gaznate del protagonista, quien nos conduce por los vericuetos de la problemática real de un licenciado de una carrera "sin salida", que atrapado en un trabajo frustrante va descubriendo como con la llegada de la treintena, desaparecen las antiguas concepciones vitales que hasta hacía poco formaban los cimientos de lo que esperaba fuese su futuro.
así descubre como los amigos, cada vez son menos héroes para convertirse en adultos, los sueños cada vez están mas sujetos a las exigencias del mercado y en consecuencia de la cartera, el amor cada vez tiene mas que ver con la psicología y la pedagogía y menos con el sudor y el esperma, el rock mas con el arte y menos con la actitud... en definitiva, que la vida no es el tránsito rápido, divertido y emocionante que esperaba (golpes que todos nos hemos llevado).
El choque de la realidad, de su realidad con sus ideales es traumático también, comprobando ante su incredulidad que gana la primera batalla tras batalla, y que un trato, aunque sea malo, es mejor que un juicio...
valores como el compañerismo o la empatía, no tienen cabida en un mundo laboral que engulle todo valor que a su paso se interpone, dejándolo en la sombra de cualquier esquina tras la sucia defecación del mismo.
Los amigos, cada vez mas desconocidos, la costumbre, cada vez mas apalancada en el interior de su ser, y el inexorable paso del tiempo hacen de Rafael, (así se llama el Caballero Andante de esta novela) un joven, aún joven, lleno de dudas y contradicciones que aunque consciente de ellas, no sabe como combatir, quizás no tiene agallas para combatir.
Para narrar todo esto, Gonzalo Aróstegui Lasarte hace un uso de la ironía realmente excepcional, ironía en las mas de las ocasiones ácida, dolorosa incluso, pero también con ataques cómicos de envergadura, como el primer capitulo, relato hilarante que a un servidor le recuerda al Mendoza mas inspirado de sus relatos de los setenta u ochenta.
No se casa Don Gonzalo con sutilezas ni con diatribas a la hora de exponer hechos, personajes o sentimientos. Trata con justicia las debilidades humanas no envenenando el lenguaje y narra con brillantez escenas costumbristas en conciertos de rock, borracheras nocturnas a lomos del alcohol y los porros o conversaciones taciturnas en los aburridos turnos de noche con compañeros de todo tinte dramático... o cómico.
Y así la novela avanza fluida, ágil y cómoda para la lectura, interesante y adictiva, incómoda en lo que atañe a lo mucho que, en ocasiones, te ves reflejado, y preferirías no verte... Una novela con los pies en el suelo, que habla de gente real, de la gente que nos rodea, seguramente de nosotros mismos, y que lo hace desde un prima valeroso, irónico, frío y en ocasiones divertido, jocoso, casi humillántemente jocoso.
En resumen, estupendo relato, real, en el que además se mezclan disquisiciones filosóficas sobre otros temas como el nacionalismo (reflejado en las notas que para una tesis que no termina de empezar reune Rafael), el rock and roll, la política internacional...
Novela visceral, quizás (esto es una impresión personal), catártica y sobre todo interesantísima sobre la gente, las debilidades y necesidades de la gente, de la gente real, de la que vale la pena para lo bueno y lo malo, una excelente novela que me agrada de modo supremo verme en libertad de recomendar sinceramente, como un ejercicio de reflexión y entretenimiento excepcional que constituye su lectura.
Felicito a Gonzalo desde aquí y espero que no esa esta la última escala de su andadura como novelista, pues es evidente que podemos esperar cosas tan interesantes como esta "En los Antípodas del Día" del talento y "valor" del joven escritor madrileño Gonzalo Aróstegui Lasarte.

 


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