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NOVEDADES - SITIO DE FUEGO
 

BAILÉ CON LA LUNA
José María de Paíz

Ambientada en Canarias y Madrid, Bailé con la Luna narra con ritmo trepidante y directo la huída física y psicológica del protagonista incapaz de enfrentarse a la realidad y a sus miedos. El sexo, el alcohol y las drogas son meros parches que el destino termina reventando. Vidas al borde del abismo, las soledades, las casualidades, el amor en todas sus variantes y el desamor, son algunos de los aspectos en que el autor indaga sin olvidar el humor, la ironía y la crítica a una sociedad contradictoria edificada en el vacío.
Un asesinato, una corrosiva y antigua pareja que sale de prisión sumado a la debacle familiar hacen que el mundo sea un lugar pequeño para seguir huyendo hacia adelante.


S-101. Narrativa (Novela). 2009. 142 páginas. ISBN: 978-84-92528-77-6. 10 €. 

 

CAMBIO DE RITMO Y OTRAS HISTORIAS PIGMEAS
Ángeles Jurado Quintana

Breve desencuentro La antropóloga Marjorie Klum acercó su cara, sin miedo,
a la del guerrero papúa.
Había aprendido, a través de sus estudios en la Universidad de Nueva York, que el beso de bienvenida
era un pacto de no agresión entre las gentes de aquella etnia y sus visitantes.
Sin embargo, lo que Marjorie Klum no sabía es que el rito era también utilizado para degustar apenas
el sabor de los posibles ingredientes de la cena. Ni lo sospechó cuando se estremeció de placer, en el momento en que el guerrero lamió dulcemente sus labios y ella se creyó aceptada en la tribu.

S-100. Narrativa (Microrelatos). 2009. 140 páginas. ISBN: 978-84-92528-76-9. 10 €. 


LA CENIZA QUE AVANZA
Juan R. Tramunt

EN POS DEL LOCUS AMOENUS.

1

Hacía días que el envejecido Hamal apretaba los odres de agua al ocaso, cuando se disponía a montar la tienda para pasar la gélida noche del desierto que se les venía encima como la túnica de la misma muerte. Aunque había previsto minuciosamente la ruta para irse proveyendo del esencial líquido en los diversos oasis y uadis que en esta época debían estar discurriendo gracias a las ocasionales lluvias que traía el monzón, cuando pasaban varios días sin rellenar los odres o sin que los camellos bebieran, la inquietud se iba apoderando de él. Se sentía responsable de la suerte que pudiera correr el joven Alí, al que poco más o menos había obligado a seguirle sabiendo que difícilmente entendería los motivos de aquella expedición. Sin embargo le necesitaba. Él mismo dudaba de poder llevarla a cabo. Los años habían transcurrido inexorablemente y sus piernas y su salud no estaban como para adentrarse solo en el terrible desierto de Rub al Khali, y allí, en medio de la extensión más ardiente y árida que Alá pudiera haber concebido, llevar a cabo una misión para la que había estado esperando toda la vida.
La noche se iba cerniendo sobre ellos y el crepitar de las últimas ramas que se consumían en el fuego daba algún sonido al absoluto silencio del desierto. En su cabeza iba repasando una y otra vez los nombres y las edades de sus antepasados, empezando por su padre, por quien conoció la gesta que su familia había asumido y que él tendría la oportunidad de ver cumplida, cuando los otros habían tenido que conformarse con lo que sus respectivos progenitores les contaban y conminaban a trasmitirlo a sus descendientes. Que esto se hubiese mantenido durante un milenio, diecinueve generaciones, le llenaba de orgullo mientras que los ojos agotados se embelesaban con las brasas de la hoguera. Mil años habían transcurrido desde que un antepasado suyo había sido testigo de algo lo suficientemente importante como para jurar que su vida la dedicaría a asegurarse de que alguno de sus descendientes volviera a ser testigo de aquello.
Hamal no tenía hijos. Se había casado tardíamente, pues la modestia económica de su familia lo alejaba del punto de mira de quienes sólo desean emparentarse a través de sus hijas con ricos comerciantes y ganaderos. La que fue su esposa había sido deshonrada y la familia se disponía a venderla a algún mercader clandestino de esclavas cuando él, de paso por la ciudad de Al Mukalla, se interesó y la adquirió a su padre. Pese a haberla comprado, Hamal adoraba a Khadiya y siempre se lo hizo saber, pero ella murió joven envuelta en el velo de la tristeza que le acompañaba desde que su padre y sus hermanos la despreciaran. No pudo darle hijos a su esposo, que anhelaba completar en su prole, la vigésima generación, la hazaña que mil años antes empezara alguno de sus ancestros. Cuando se sobrepuso a la pérdida había abandonado toda esperanza de proseguir con lo que su padre y su abuelo le habían encomendado, y sencillamente dejaba pasar el tiempo buscando desaparecer como lo hacen los cadáveres en el desierto que ahora, sumido en estos recuerdos, le rodeaba amenazante. Anduvo trabajando lo necesario para subsistir acarreando provisiones en un almacén del puerto de Al Hudaydah, y cuando no, se refugiaba en su casa, enroscado en un rincón, a la espera del día siguiente, intentando pasar desapercibido a sus propios pensamientos que veía como fastidiosos visitantes empeñados en hablar de su soledad, de la ausencia de su esposa, del vacío impenitente en el que se había convertido su vida.
Las pocas horas que conseguía dormir no reparaban el cansancio que iba acumulando en el duro trabajo del almacén, y, aunque no mermaba su rendimiento, sí hacía estragos en su salud que lentamente le conferían un aspecto de alma en pena. Llegó el día en que se desplomó en plena calle, camino de su casa, y nadie le prestó atención alguna, atribuyéndole vicios y enfermedades que justificaran el mirar a otro lado. Hubiera muerto de deshidratación o atacado por los perros callejeros de no haber pasado por allí alguien como él y que le trajo agua, una torta de cebada y hojas de qat.
Alí cuidó de Hamal como si de un padre enfermo se tratara. Supo del trabajo que éste desempeñaba y se apresuró a sustituirlo trabajando más horas incluso que él, pese a su inmadurez, para asegurarse algunas monedas extra. Con ellas se alimentaban los dos, y le proveía regularmente de las hojas de qat que Hamal masticaba con concienzuda parsimonia. Quizás fueron los cuidados del imberbe Alí, o los efectos euforizantes del qat, pero a las pocas semanas Hamal se había recuperado lo suficiente como para reanudar su trabajo con nuevos bríos y retomar las lecturas y cálculos sobre el advenimiento que sus antepasados habían vaticinado.
El tiempo se le había echado encima, y el lugar a donde debía dirigirse se encontraba en algún valle recóndito en medio del desierto de Rub al Khali. No se puede uno adentrar en esa desolada inmensidad sin los pertrechos adecuados, y sin una ruta minuciosamente escogida para asegurarse la supervivencia, así es que ambos trabajaron con ahínco. Necesitaban comprar camellos y provisiones, odres y alforjas, mantas e incluso algún arma para cazar o ahuyentar a bandoleros y alimañas que se apostaban en las cercanías de los oasis. Las pocas monedas que ganaban, pese a racionarse la comida en extremo, apenas les permitían juntar lo necesario para afrontar semejante empresa. A esto debía afanarse Hamal en convencer a Alí, sin precisar más, que todo aquello era necesario.
Aun así, cuando el viejo le comunicó que iba a vender los pergaminos y demás reliquias a algún capitán o viajero distinguido de los mercantes europeos que recalaban en el puerto, intentó disuadirlo. Había visto el mimo con que los releía una y otra vez; cómo los envolvía primorosamente antes de devolverlos al fondo de las muchas vasijas de barro donde descansaban desde tiempos inmemoriales. Si el viejo se quería desprender de aquello es que realmente era necesario, pero también significaba que rompería definitivamente sus ataduras con este mundo. Alí creyó ver en aquella intención una especie de adiós a todo lo que le mantenía con vida para ir a terminar sus días en el terrible desierto. Y lo que no entendía es que quisiera que le acompañara a menos que fuese para asegurarse de tener una tumba digna.
La insistencia del joven surtió efecto en la medida en que Hamal sólo comerció con una parte de aquellas piezas, no sin antes haber transcrito los textos que contenían para conservar esa vital información. De esa manera consiguió un importante capital que invirtió en pertrechar una pequeña caravana de cinco camellos.
Una mañana, como cualquier otra, antes de que el sol despuntara, Hamal despertó a Alí con cierta premura. Al abrir los ojos dio un salto de su camastro y pudo ver al viejo vestido y acarreando algunos fardos que se amontonaban en medio de la estancia. Había decidido que partirían en ese mismo momento. Apenas estaba dispuesto cuando oyó rezongando a los camellos en el exterior. Casi todos los pertrechos y enseres necesarios estaban ya ubicados en los bastes. Intentó, posteriormente, repasar sus movimientos, lo que hubiera dicho, siquiera si comió algo después de levantarse, y no lo consiguió. Jamás pensó que se podría estar listo en tan corto espacio de tiempo, así que se dejó mecer por el bamboleante andar del camello mientras se iban quedando atrás las últimas casas de Al Hudaydah.

S-98. Narrativa (Relatos). 2009. 170 páginas. ISBN: 978-84-92528-72-1. 12 €. 


LOS HUESOS DEL POETA
Pedro Flores

Durante el mes de noviembre del año 2003, la prensa mundial se hizo eco de la noticia de la exhumación
de los que se creían, y confirmaron más tarde de manera casi definitiva, eran los restos mortales del poeta italiano Francesco Petrarca, fallecido en el año 1374.
El director del equipo forense que realizó el proyecto era el especialista en anatomía patológica Vito Terribile.

S-97. Teatro. 2009. 52 páginas. ISBN: 978-84-92528-64-6. 8 €.

 


NO DEJES QUE MUERA
Rita Gardellini

La novela No dejes que muera es una mezcla feroz de sexo-carne, de la exploración de nuevas dimensiones de lo humano, de la desbordante invención de realidades, donde se estrujan las palabras para darles nuevos significados, en que el paroxismo de la violencia se excede para trivializarla... y entre tanta soledad y laberintos: sólo el amor.

S-99. Narrativa. 2009. 276 páginas. ISBN: 978-84-92528-70-7. 12 €.

 


EL GRIS QUE NOS ENVUELVE
Hugo Larrazabal

Alguien dijo que la vida es un largo peregrinar hacia la muerte. Pero, de cómo se afronte ese viaje y su
inefable destino dependerá toda nuestra experiencia vital. Algunos lo afrontan con verdadero temor, un
miedo que les lleva a refugiarse en la primera religión que les ofrezca algo de consuelo; otros con indiferencia,
fruto de un completo desconocimiento de la naturaleza humana; y otros, los menos, logran aceptarlo
y disfrutar del viaje. Quizás Hugo sea uno de estos últimos. En sus relatos la muerte no es una horrible figura esquelética con guadaña sino una bella mujer de curvas voluptuosas y manifiesta sensualidad a quien es grato ver y quizás factible seducir. Por eso aunque en la mayor parte de sus relatos se hable sobre la muerte, al final
no queda una sensación de desconsuelo sino más bien todo lo contrario, una grata sensación de esperanza.
Incluso en los relatos más oscuros, que los hay, la muerte no se afronta con miedo sino con resignación
y aceptación, es ese compañero de viaje que se sube al tren y te acompaña en tu último viaje..

S-94. Narrativaa. 2009. 88 páginas. ISBN: 978-84-92528-54-7. 10 €.


TRANSFORMACIONES
Juan Manuel Uría

Transformaciones está inspirado en las tres transformaciones del espíritu (Camello-León-Niño) descritas por Friedrich Nietzsche en el Así habló Zaratustra.

Tienes en las manos un libro que es como un pequeño animal salvaje que no puedes retener. Palpas su lomo, notas como se retuerce y sientes toda su energía que se libera. Entusiasma esa liberación, te contagia y tú también te conviertes en otro algo aún desconocido.
Porque hay una libertad muy grande en estas páginas, una libertad que multiplica la expresión hasta lo inesperado y que explota entre párrafos. Expresión por comunicación, estrujamiento que saca los jugos del verbo, del sinónimo, del adjetivo…Uría es un poeta vivo, un poeta entregado al contacto químico con el mundo que destila poema, que deja escapar tras de sí papeles grafiados como restos. Estamos ante una poesía que, en último término, remueve. Hay una exploración poética e incansable en su lenguaje pareja a otra exploración emocional más profunda.

A. Izagirre

S-96. Poesía. 2009. 138 páginas. ISBN: 978-84-92528-60-8. 10 €.


CORRE, CORRE, NIÑO DE ARENA
Antonio Martínez i Ferrer

Del horror que transcurre más allá de nuestras alambradas está hecho este niño de arena. Un libro escrito
por uno de ellos, un lejano niño de España de 1936. Así es, cuando uno daba por enterrada a toda esa generación del hambre grande de la posguerra, cuando una pensaba que poco podría ya surgir de entre esas
sombras, cuando se han borrado todos esos nombres que habían sido dados a la Utopía, resulta que uno
aún puede encontrar en ella a un poeta que se coloca en mitad del camino de la vida, el al que casi todo lo
arrolló en el camino de la vida, para alzar la voz y ponerse a disipar las sombras del fascismo ordinario y
cotidiano. Un poeta que es capaz de acunar el dolor de los que lloran y a señalar los demonios de estas
tierras y de este inmundo más hoy que nunca de todos los demonios.

S-95. Poesía. 2009. 76 páginas. ISBN: 978-84-92528-57-8. 10 €.


REFLEXIONARIO DE MAREAS
Rosa I. Galdona Pérez

Reflexionario de mareas es la trova quizá insolente de esa mujer que -arrullada por el susurro amigo de la mar- aprende a decir yo frente al resto del mundo.

Rosa Galdona asegura que “la oscuridad es infinita si la aurora no te alcanza aunque amanezca”. Para ella, un día amaneció. Se hizo la luz en sus sentimientos adormilados. La larga noche vivida quedó atrás pero no quiso olvidarla. Todo aquel sinsentido se transformó en palabra como necesidad vital de quien necesita liberarse para escalar en su identidad. Así esperó Rosa su momento, retrasado por la intransigencia de los vuelos de baja altura. Pero ella sentía en otra dimensión. Buscó en sus adentros y encontró su razón. El punto de arranque que liberaba tanta energía creativa dormida. Y escribió. Y lo hizo aflorando todo ese sentimiento condensado a través
de los años vividos en aquel túnel. Liberando sin tapujos su rabia contenida. Sus esperanzas y desesperanzas.
Sus pesadillas viejas y sus sueños nuevos.


S-93. Poesía. 2009. 148 páginas. ISBN: 978-84-92528-52-3. 10 €.


BLUES Y OTROS CUENTOS
Iñaki Echarte Vidarte

Encontramos en Blues un verdadero arte de las superficies: un inquietante cruce entre lo real y lo asombroso, entre el lenguaje y la vida, las palabras y las cosas. Se trata de un verdadero universo de intimidad: la intimidad de un silencio, de una mirada, de una despedida. Resonancias de un mundo interior: todo tan implícito y desgarrador. No la intimidad de lo inefable, de lo oculto, ni siquiera del secreto, sino, precisamente, esa simple intimidad de lo más evidente y, por ello, de lo más trivial: de esas pequeñas vidas absurdas que se desmoronan en las grietas de sus insignificantes existencias. Blues nos hace partícipes de ese crack-up insubstancial que nos conmueve, nos entristece y fascina.
Carolina Meloni. Madrid.


Relato autobiográfico. Ejercicios escriturales que documentan una búsqueda. Describe el alma desolada de Madrid y de la provincia de la infancia. Una antología de seres multidimensionales como los individuos de ahora, desde el suicida romántico hasta el que cocina una pasta mientras es presionado por su editor mediante mensajes enviados por celular. Relámpagos de erotismo alumbran la revelación de la sexualidad o el homoerotismo de un joven nadador. El descubrimiento del amor y la búsqueda de un destino. Son los cuentos de una ciudad perdida entre olvidos.
Héctor Avellán. Managua.


S-92. Narrativa. 2009. 140 páginas. ISBN: 978-84-92528-37-0. 10 €.


LA VIDA DESPUÉS
Marina Sanmartín

LA VIDA DESPUÉS

Te descubro por casualidad, al entrar en la habitación en busca de unas braguitas que llevarme a la ducha. No te das cuenta de que abro la puerta y me quedo observándote en silencio. Estás en la ventana, todavía en pijama, mirando a la calle sentado sobre el baúl azul, estampado de flores amarillas. Fumas. Te has liado un pitillo antes de llegar hasta aquí para salirte del mundo y contemplarlo desde fuera con esa expresión tan tuya de cargar con el peso de todos los secretos.
Mientras me acerco a ti para abrazarte, sé que te gustaría que esto pasara en blanco y negro; que tú y yo nos moviéramos dentro de una película de la Nouvelle Vague. Como Seberg y Belmondo, sin otra cosa que hacer en este domingo de otoño que enredarnos entre las sábanas de nuestra cama deshecha y perdernos en un diálogo que, de tan cotidiano, sonaría al público artificial... sí, tendríamos público y actuaríamos “al margen”. Me lo explicaste una vez, seguro que ya no te acuerdas, cuando nos queríamos con la fuerza del principio de las historias. Hacíamos cola delante de la taquilla de la filmoteca y, para entretenerme, me explicaste que con frecuencia los personajes de la Nouvelle Vague actúan en circunstancias de excepcionalidad, “dentro de un paréntesis”. En aquel momento me pareció que salía con el hombre más culto del planeta; ahora estoy detrás de ti y voy a abrazarte para contarte al oído lo que se me acaba de ocurrir, pero tú te adelantas y me pides que te deje solo.
Si fueras Belmondo, ese “déjame” querría decir cuánto me quieres; equivaldría a la petición solapada de un abrazo que, aunque también sería rechazado, en el fondo me agradecerías. Sin embargo no voy a adivinar más.
Me pides que me vaya y me despiertas, así que salgo hacia la ducha y te dejo descalzo con la tarde que cae, envasado al vacío, fuera de tiempo mientras empieza la vida después de nosotros.

S-91. Narrativa. 2009. 116 páginas. ISBN: 978-84-92528-36-3. 10 €.


MAL TIEMPO EN PRIMAVERA
Nacho Meseguer

RELACIÓN POETAS-FLORES


Hay quien piensa que el poeta
abre la mano
y los pétalos
de las flores
caen lentamente.
Nunca llegarán al suelo,
que esas flores detienen el tiempo.
Eso solo les ocurre
a algunos.
Los que abren las manos
sin arma, mira,
no voy a hacerte daño
(y caen las flores,
muchos colores).
Si abres la mano
para inventariar cosas con los dedos,
aunque seas poeta
de tu mano nunca caerá nada
solo tu tiempo,
gritando, arrancándotelo
todo.

 S-88. Poesía. 2009. 104 páginas. ISBN: 978-84-92528-03-5. 10 €.

http://www.maltiempoenprimavera.com


CUATRO HISTORIAS DESHONESTAS
Manuel Ruano Sánchez

La obra está compuesta por cuatro piezas breves en cada una de las cuales se presenta a una mujer
de nuestros días que se está enfrentando a una situación que podríamos calificar de deshonesta, aunque
no sabemos hasta qué punto lo es, o no se le tendría que llamar de otra manera, enfocada la tal situación o
tales situaciones desde ángulos diferentes. Si a lo que no guarda las normas éticas y se sale de ellas o bien
atenta contra la decencia y la moralidad cristiana, muy en particular en el terreno sexual, es deshonesto, debemos
admitir que las cuatro piezas breves de la presente obra son todas ellas deshonestas, aunque se nos ocurre
pensar que no siempre lo deshonesto, según el significado que se le aplica, tiene que ser una cosa fea y
repudiable, un recurso bajo. Por el contrario diríamos que, más que lo honesto, lo deshonesto forma parte
de la savia de la vida y posee la mayor parte de las veces un atractivo irresistible del que, si hemos de ser
honestos, nos cuesta mucho darle de lado. Es decir, que lo deshonesto también puede ser, en vez de una
cosa fea y repudiable, algo muy lindo y maravilloso, conmovedor y, por supuesto, nada irreverente o censurable.

 S-89. Teatro. 2009. 124 páginas. ISBN: 978-84-92528-04-2. 10 €.

 

 

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